SIGISMUND in «Das Leben ein Traum» IV.

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    Jornada III 

    Segismundo, Rosaura, Clotaldo, Basilio, Astolfo y soldados. 

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    SEGISMUNDO:
    Corte ilustre de Polonia,
    que de admiraciones tantas
    sois testigos, atended
    que vuestro príncipe os habla.
    Lo que está determinado
    del cielo, y en azul tabla
    Dios con el dedo escribió
    de quien son cifras y estampas
    tantos papeles azules
    que adornan letras doradas,
    nunca engañan, nunca mienten;
    porque quien miente y engaña
    es quien, para usar mal de ellas,
    las penetra y las alcanza.
    Mi padre, que está presente
    por excusarse a la saña
    de mi condición, me hizo
    un bruto, una fiera humana;
    de suerte, que cuando yo
    por mi nobleza gallarda,
    por mi sangre generosa,
    por mi condición bizarra
    hubiera nacido dócil
    y humilde, sólo bastara
    tal género de vivir,
    tal linaje de crianza,
    a hacer fieras mis costumbres:
    ¡qué buen modo de estorbarlas! .
    Si a cualquier hombre dijesen:
    "Alguna fiera inhumana
    te dará muerte" ¿escogiera
    buen remedio en despertallas
    cuando estuviesen durmiendo?
    Si dijeran: "Esta espada
    que traes ceñida ha de ser
    quien te dé la muerte"; vana
    diligencia de evitarlo
    fuera entonces desnudarla
    y ponérsela a los pechos.
    Si dijesen: "Golfos de agua
    han de ser tu sepultura
    en monumentos de plata";
    mal hiciera en darse al mar,
    cuando soberbio levanta
    rizados montes de nieve,
    de cristal crespas montañas.
    Lo mismo le ha sucedido
    que a quien, porque le amenaza
    una fiera, la despierta;
    que a quien, temiendo una espada,
    la desnuda: y que a quien mueve
    las ondas de una borrasca;
    y cuando fuera (escuchadme)
    dormida fiera mi saña,
    templada espada mi furia,
    mi rigor, quieta bonanza,
    la fortuna no se vence
    con injusticia y venganza.
    porque antes se incita más;
    y así, quien vencer aguarda
    a su fortuna, ha de ser
    con prudencia y con templanza.
    No antes de venir el daño
    se reserva ni se guarda
    quien le previene: que aunque
    puede humilde (cosa es clara)
    reservarse de él, no es
    sino después que se halla
    en la ocasión, porque aquésta
    no hay camino de estorbarla.
    Sirva de ejemplo este raro
    espectáculo, esta extraña
    admiración, este horror,
    este prodigio; pues nada
    es más, que llegar a ver
    con prevenciones tan varias,
    rendido a mis pies a un padre,
    y atropellado a un monarca.
    Sentencia del cielo fue;
    por más que quiso estorbarla
    él, no pudo: ¿y podré yo,
    que soy menor en las canas,
    e el valor y en la ciencia,
    vencerla.? -Señor, levanta.
    dame tu mano; que ya
    que el cielo te desengaña
    de que has errado en el modo
    de vencerle, humilde aguarda
    mi cuello a que tú te vengues:
    rendido estoy a tus plantas.

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