IPHIGENIE in «Iphigenie in Aulis»

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Acto V 

Ifigenia, Agamenón, Clitemnestra y el coro. 

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IFIGENIA: Si tuviera la elocuencia de Orfeo, ¡oh padre! y si cantando pudiera persuadir á las rocas á seguirme y enternecer con mis palabras á quien quisiese, recurriría á ella; pero por toda elo­cuencia te ofreceré mis lágrimas, pues sólo puedo eso. A tus rodillas pongo, como una rama de suplicantes, mi cuerpo, al que ha parido para ti esta mujer. ¡No me mates antes de tiempo, que es dulce ver la luz! ¡No me fuerces á ver las cosas que hay bajo la tierra! ¡He sido la primera en llamarte padre mío, y túme has llamado hija tuya; he sido la primera en dar y recibir sobre tus rodillas caricias dulces! Y me hablabas así entonces: «¿Te veré dichosa ¡oh hija! enlas moradas de tu marido, viva y floreciente, como es digno de mí?» Y á mi vez te decía yo, colgando mis brazos á tu cuello y oprimiendo tus mejillas con mis manos, como ahora: «Y yo, padre, ¿te veré envejecer en la dulce hospitalidad de mis moradas, devolviéndote los cui­dados que tuviste para criarme?» ¡He guardado el recuerdo de estas palabras; pero tú las has olvidado, ¡y quieres matarme! ¡No! ¡Te conjuro á ello por Pelops, por tu padre Atreo, por esta madre que me ha parido y que sufre por segunda vez los dolo­res del parto! ¿Qué tengo yo que ver con las bodas de Alejan­dro y de Helena? ¿Por qué ¡oh padre! ha venido él para atraer­me la muerte? ¡Mírame! Otórgame una mirada y un beso, para que, al menos, me lleve yo, al morir, una prenda tuya, si no cedes á mis palabras. ¡Hermano! débil apoyo eres para tus amigos; llora conmigo, sin embargo, y pide, suplicante, á tu padre que no muera tu hermana. Los niños tienen alguna per­cepción de los males. ¡He aquí que te suplico en silencio, padre! ¡Piensa en mí, ten piedad de mi vida! Sí, los dos, que te somos caros, te suplicamos por tus mejillas, él un niño todavía, y yo adolescente. Lo resumo todo en una palabra, y convenceré: dulcísimo es para los hombres ver la luz; pero los muertos ya no son nada. ¡Insensato quien desee morir! Más vale vivir miserablemente que morir gloriosamente.